La devoción a la Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, venerada en Sevilla, cuenta con reconocimiento eclesial a través de la elevación de su iglesia a Basílica Menor. El decreto pontificio, fechado en 1966 y publicado en Acta Apostolicae Sedis, vincula la iglesia hispalense dedicada a la Virgen con el culto que allí tributa un numeroso conjunto de fieles y la vida de una confraternidad orientada a la acción y formación en la vida cristiana.3
En ese mismo marco, Acta Apostolicae Sedis recoge el realce litúrgico y popular del culto: la imagen recibe una corona y el pueblo participa con un homenaje solemne a su Patrona y Señora. El documento describe también el impulso espiritual de las cofradías sevillanas, con prácticas de devoción como procesiones, besamanos y comuniones con motivo de celebraciones marianas.4



