Listas antiguas y formación de los calendarios
En el cristianismo antiguo, las comunidades celebraron inicialmente la memoria de los mártires de modo local. El Calendario Romano primitivo conserva huellas de esa práctica en dos listas: Depositio martyrum y Depositio episcoporum, integradas en el documento fechado en el año 354.
Con el paso del tiempo, los calendarios incorporaron nombres procedentes de otras Iglesias, y el martirologio terminó por reunir santos y mártires más allá del ámbito estrictamente local.
Consolidación bajo Gregorio XIII y revisiones
La historia del Martirologio Romano en época moderna muestra un camino de estandarización para uso eclesial.
- En Roma se publicó una primera edición (1583) con el encargo de restaurar el texto conforme al nuevo cómputo del calendario y a la veracidad de la historia eclesiástica.
- Gregorio XIII aprobó y impuso la edición de 1584 en toda la Iglesia, garantizando una norma común.
- El cardenal Baronio revisó y corrigió el texto, publicándolo de nuevo en 1586 con anotaciones y desarrollo del propio tema del martirologio.
- El trabajo continuó en ediciones posteriores bajo el impulso de Urbano VIII, con publicación en 1630.
El interés de Benedicto XIV aparece vinculado a la reforma del martirologio dentro de su programa litúrgico, culminando en una nueva edición por su autoridad en 1748.
Además, la tradición recoge que una bula de 1748 explicó la importancia de los cambios de esa nueva edición, que conservó sustancialmente el texto en uso con las modificaciones necesarias por nuevas canonizaciones.