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Melchor, Gaspar y Baltasar

Melchor, Gaspar y Baltasar -figuras tradicionales de la devoción cristiana- representan a los magos que acuden a adorar al Niño Jesús. Su camino, guiado por la «estrella», expresa la búsqueda de Dios por parte de los pueblos y la apertura universal del Evangelio hacia todas las naciones.1,2

Melchor, Gaspar y Baltasar
Ver información de la imagenTres Reyes Magos, o magos, de Oriente son descritos en los Evangelios como habiendo visto una nueva estrella y viajado para rendir homenaje al niño marcado como divino por los cielos. Los Reyes Magos eran a menudo representados como reyes, y, en el Renacimiento, el más joven era frecuentemente representado como un africano, aquí sosteniendo un recipiente de oro que contiene mirra, una resina preciosa de Arabia y África usada para perfume. Su representación refleja tanto la diversidad étnica encontrada por los pintores del Renacimiento en un puerto como Venecia, frecuentado por comerciantes africanos, como también el concepto de la promesa de salvación de Cristo para todas las personas. El esplendor de los reyes contrasta con la sencillez de la Sagrada Familia. Angelitos regordetes cantan las palabras inscritas en el pergamino "Gloria a Dios en el Cielo y Paz a los Hombres en la Tierra," acompañados por otros tocando flautas y un violín. Dominio Público.
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMelchor, Gaspar y Baltasar
CategoríaPersona
DescripciónLos tres magos que adoraron al Niño Jesús guiados por la estrella. Personajes tradicionales de la devoción cristiana que, según la tradición, fueron tres sabios del Oriente llamados Melchor, Gaspar y Baltasar. Viajan a Belén para rendir homenaje al Niño Jesús, ofreciendo oro, incienso y mirra, y luego regresan por otro camino. Su figura simboliza la apertura universal del Evangelio y la adoración de todas las naciones. Representan las primicias de las naciones que acogen la salvación; manifiestan la universalidad del anuncio de Cristo
Referencias
  • Mateo 2:1-12
  • CIC 528
Contexto BíblicoEvangelio de San Mateo 2:1-12
Fecha6 de enero
Fiesta litúrgicaEpifanía del Señor
Personas relacionadasSan Mateo
SimbolismoOro (realeza de Jesús), incienso (divinidad), mirra (humanidad y muerte).
TipoFigura bíblica

Tabla de contenido

Los magos en el Evangelio de san Mateo

El relato evangélico sitúa el episodio en tiempos del rey Herodes: «unos magos del Oriente» observan la estrella, viajan hasta Jerusalén y preguntan por el «niño... [que] ha nacido rey de los judíos».1

Los magos no llegan por casualidad ni por mera curiosidad astronómica. Su pregunta nace de la adoración que desean rendir al recién nacido: «hemos venido a rendirle homenaje». En Mateo, esta actitud marca el corazón del episodio: la fe que se pone en camino hacia Cristo.1

La narración subraya el contraste entre poder humano y búsqueda de Dios. Herodes consulta a «los sumos sacerdotes y los escribas» para conocer el lugar del nacimiento del Mesías; después envía a los magos a Belén con instrucciones para que le informen.1

En Belén, la estrella se detiene sobre el lugar donde está el niño; entonces los magos «se llenaron de alegría», entran en la casa, se inclinan y adoran. Mateo concreta el gesto culminante: al abrir «los cofres de tesoros», ofrecen dones -oro, incienso y mirra- y luego regresan a su tierra por otro camino, advertidos en sueños.1

Nombres y número en la tradición cristiana

El texto de Mateo no ofrece nombres propios ni fija un número determinado. Habla de magos en plural y presenta sus acciones (llegar, adorar, ofrecer dones), sin mencionar ni «Melchor», ni «Gaspar», ni «Baltasar».1

La tradición cristiana, por su parte, consolidó la imagen de tres magos. Juan Pablo II recuerda explícitamente que «según la tradición» los magos «eran tres en número».3

En la tradición latina, los tres magos reciben los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, que han quedado integrados en el imaginario litúrgico y en la piedad popular.4

La Epifanía: manifestación de Cristo a los pueblos

La Iglesia celebra la Epifanía como la manifestación de Jesús: «Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo». El sentido eclesial de esta fiesta se concentra en la adoración de los magos «del Oriente», y la Catequesis resalta que ellos constituyen «las primicias de las naciones», al acoger la salvación que llega por la Encarnación.2

La Catequesis también explica un punto decisivo: el Evangelio interpreta la llegada de los magos como una búsqueda que conduce a la adoración verdadera al orientarse hacia Israel y recibir, a través de él, la promesa mesiánica contenida en el Antiguo Testamento.2

Benito XVI describe la Epifanía como el inicio de una «gran procesión» que recorre la historia. Los magos abren un camino: con ellos comienza, en el horizonte litúrgico, la peregrinación de los pueblos hacia Cristo, «el Hijo... que... guía la historia... y derriba a los poderosos para alzar a los humildes».5,6

El sentido espiritual de los dones: oro, incienso y mirra

Los dones de los magos no funcionan como simple ornamento del relato. Su valor profundo reside en el significado alegórico que la Iglesia contempla. El papa Francisco, en Admirabile signum, ofrece una interpretación directa:

  • El oro honra la realeza de Jesús.6
  • El incienso confiesa su divinidad.6
  • La mirra anuncia su condición humana orientada hacia la muerte y la sepultura.6

El gesto de ofrecer toca también el interior del creyente. Juan Pablo II subraya que Mateo presenta el acto religioso como un encuentro real con Dios: cuando los magos «abrieron sus tesoros» ofrecieron dones, pero sobre todo se abrieron a Cristo con «el don interior» del propio corazón. Para el papa, el «tesoro» verdadero no termina en objetos: consiste en que los magos «reconocen a Dios y lo encuentran».3,3

En esta lógica, los presentes de la Epifanía ayudan a entender que la fe cristiana integra el cuerpo y el gesto: uno se inclina, entrega, adora. Después, la gracia transforma el camino de regreso, como enseña Mateo: los magos evitan volver a Herodes por otro itinerario, una señal narrativa de conversión.1

Jerusalén, Herodes y la libertad que busca

Benito XVI ilumina con claridad el drama moral del episodio: Herodes aparece como un hombre que ve a los otros como rivales y pretende reducir la realidad a su «trono». Frente a esa actitud, los magos caminan hacia el Niño sin quedar atrapados por la lógica del poder.7

El papa explica que la estrella guía a los magos hacia Belén, entre «los pobres y los humildes», allí donde Dios manifiesta su modo de actuar. La escena recuerda una verdad existencial: el camino de fe atraviesa también obstáculos intelectuales y culturales; el poder -incluso el poder del conocimiento- puede bloquear el encuentro.7

Benito XVI añade un criterio de discernimiento: la creación puede orientar, pero no basta para dar la luz definitiva; hace falta la Escritura. Para los magos, la «estrella verdadera» termina siendo la Palabra de Dios, que marca el camino entre las incertidumbres del discurso humano.7,7

Fe, universalidad y misión

La Epifanía no reduce el acontecimiento a un hecho local ni a un símbolo cultural. La Catequesis católica afirma que los magos representan las primicias de las naciones que acogieron la salvación mediante la Encarnación.2

Benito XVI insiste en el alcance universal: el nacimiento de Cristo no concierne solo al pueblo de Israel, sino a toda la humanidad representada por los magos. La Iglesia lee su itinerario como el inicio de una peregrinación que continúa «hasta la consumación del mundo».8,8

Juan Pablo II, al meditar sobre «abrir los tesoros», conecta el gesto de los magos con la vocación universal de la Iglesia: el día de la Epifanía celebra «la universalidad... y la universal misión». Para el papa, el encuentro con Cristo transforma y abre el horizonte de los creyentes hacia los pueblos.3

Los Reyes Magos como escuela de vida cristiana

Melchor, Gaspar y Baltasar enseñan un itinerario espiritual: mirar una señal, dejarse guiar, preguntar con humildad, buscar la verdad y postrarse ante el Rey verdadero. El evangelio muestra el final de este proceso: adoración, entrega y regreso modificado.1

El cristiano actual puede reconocer en los magos una pedagogía concreta:

  • Seguir la luz que conduce a Cristo, incluso cuando el camino atraviesa oscuridades.7,8
  • Unir razón y fe: la creación orienta, la Escritura da el horizonte definitivo.7,7
  • Ofrecer dones verdaderos: oro, incienso y mirra simbolizan la entrega total de la vida a la realeza, a la divinidad y a la humanidad redentora de Jesús.6
  • Abrir el corazón: el gesto exterior traduce un encuentro interior con Dios.3

En la Epifanía, el cristianismo aparece como un anuncio que toca todas las culturas y todas las rutas humanas: Dios conduce a los buscadores hasta Cristo, para que la adoración se convierta en misión y la luz se derrame sobre el mundo.6,2

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 2:1-2:12 (1993). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Catecismo de la Iglesia Católica. Catecismo de la Iglesia Católica, 528 (1992). 2 3 4 5
  3. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 24 de enero de 1979, 1 (1979). 2 3 4 5
  4. Magos. Enciclopedia Católica, Magos (1913).
  5. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Papa Benedicto XVI. 6 de enero de 2013: Solemnidad de la Epifanía del Señor, 1 (2013).
  6. Papa Francisco. Admirabile signum, 9 (2019). 2 3 4 5 6 7 8 9
  7. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Papa Benedicto XVI. 6 de enero de 2011: Solemnidad de la Epifanía del Señor, 1 (2011). 2 3 4 5 6 7
  8. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Papa Benedicto XVI. 6 de enero de 2012: Solemnidad de la Epifanía del Señor, 1 (2012). 2 3
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