Tradición devocional vinculada al niño
En la espiritualidad cristiana bajomedieval, los milagros de resurrección funcionaban como signos capaces de mover a la penitencia. En ese marco, algunas narraciones devocionales conectan la resurrección con las imágenes del juicio, especialmente con el despertar de los muertos evocando la «trompeta del juicio». Charles Arminjon, al desarrollar el imaginario escatológico, recurre precisamente a la asociación entre el sonido que despierta a los difuntos y la necesidad de vigilancia personal.,
La tradición, por tanto, no trata únicamente de un hecho prodigioso; también ofrece un mensaje espiritual: el milagro llama a la conversión porque el juicio no pertenece al horizonte lejano de la imaginación, sino al tiempo real de la vida humana.,
Resurrecciones en el conjunto de su taumaturgia
La Iglesia reconoció en San Vicente Ferrer un carisma de milagros que incluye la resurrección de los muertos. El texto bullario relativo a su canonización atribuye a Vicente curaciones, expulsión de espíritus malignos y, de modo explícito, la capacidad de resucitar muertos como confirmación de su predicación y de su vida.
Además, la literatura hagiográfica conservó episodios concretos que ilustran su mensaje escatológico mediante una resurrección. Alban Butler narra un caso célebre en Salamanca: Vicente desafía a los presentes llevando a la asamblea el cuerpo de una mujer fallecida; entonces la persona recobra la vida por mandato de Dios en el contexto del anuncio del juicio.
Con esa base, el «milagro del niño» encaja en una misma lógica hagiográfica: la resurrección funciona como señal profética que impulsa a temer a Dios y a ordenar la existencia conforme a la verdad del juicio final.,,