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Montinianismo

El montinianismo fue un movimiento cristiano del siglo II, originado en Frigia, que atrajo apoyos y también resistencias dentro del cristianismo antiguo por su impulso carismático y por su propuesta de «nuevas profecías» asociadas a Montano y a dos profetisas, Máximila y Priscila.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMontinianismo
CategoríaTérmino
DescripciónMovimiento cristiano del siglo II, originado en Frigia, que proclamó nuevas profecías atribuidas a Montano y a las profetisas Máximila y Priscila
Contexto HistóricoSurge en el siglo II en Asia Menor, generando controversia por su carisma profético y su disciplina ascética, y fue condenado como cisma por la autoridad eclesial.
Importancia HistóricaInfluyó en la discusión sobre la legitimidad de nuevas profecías y la regulación eclesial del carisma, sirviendo de referencia para posteriores debates sobre herejía y disciplina.
LugarFrigia
Personas relacionadasMontano, Máximila y Priscila
TipoCisma, II, Movimiento cristiano

Tabla de contenido

Denominación y carácter del movimiento

En la antigüedad, el movimiento se conoció primero como frigios («los que están entre los frigios»), después como montanistas, y también recibió otros nombres regionales: pepuzians (por su relación con Pepuza) y, en Occidente, cataphrygians.1

La tradición histórica lo trata como un movimiento que acabó separado de la comunión eclesial, por eso lo describe como cisma en el contexto del siglo II.1

Fundadores: Montano, Máximila y Priscila

El movimiento nació a partir de un profeta llamado Montano y de dos profetisas, Máximila y Priscila (también citada como Priscilla).1

El impulso montanista se relacionó con la convicción de que el Paráclito intervenía de modo profético en la vida del grupo, y Tertuliano vincula directamente la controversia con el rechazo de las «nuevas profecías».2

Contexto y cronología aproximada

Un autor cristiano anónimo, contrario al montinianismo, escribió un texto que Eusebio conservó y que dirigió a Abercio Marcelo, obispo de Hierópolis, que murió hacia el año 200. Ese autor recordó que Máximila había profetizado guerras y aflicciones; luego sostuvo que, al escribir más de trece años después de su muerte, no estalló la guerra general ni parcial prometida, y que la comunidad cristiana vivió en paz permanente por la misericordia de Dios.1

Eusebio enlazó esa línea temporal con los datos del poder imperial. El cómputo permite fechar con margen el inicio del montinianismo y muestra que la cronología ofrecida por Eusebio generó discusiones entre autores posteriores.1

El artículo de la Enciclopedia Católica también menciona que Eusebio sitúa un hito del movimiento en el contexto de la administración de un procónsul de Asia llamado Grato, aunque el texto advierte que no existe otra constancia clara de ese procónsul.1

Profecía «nueva» y controversia sobre su legitimidad

El núcleo de la disputa giró en torno a las «nuevas profecías» y a la manera de discernirlas dentro de la Iglesia.

Tertuliano presenta el rechazo de las nuevas profecías como un punto de controversia decisivo: los opositores no rechazaron esas profecías porque Montano y las profetisas anunciaron otro Dios, ni porque separaron a Jesús de Dios, ni porque destruyeron alguna regla de fe u esperanza; rechazaron el contenido por su repercusión práctica en la vida moral, en particular por proponer ayunos más frecuentes que el matrimonio.2

Tertuliano también explica el tipo de reproche que los contrarios lanzaban contra el movimiento. Los críticos establecían un criterio doble: si el punto discutido nacía de una presunción humana, lo trataban como herejía; si surgía de una declaración espiritual, lo calificaban como falsa profecía, y en ambos casos imponían la condena mediante anatema a quienes rechazaban su postura.2

Disciplina: ayuno, «novelidad» y regulación de la vida cristiana

En el debate, la disciplina ascética actuó como foco de la polémica. Tertuliano expone varias acusaciones dirigidas contra los montanistas: según sus críticos, los «espirituales» mantenían sus propios ayunos, extendían las vigilias o «estaciones» hacia la tarde, practicaban dietas de alimentos secos (xerofagias) y condicionaban la comida a reglas estrictas.2

Tertuliano concreta el contenido de esas imputaciones: los montanistas, de acuerdo con quienes los atacaban, limitarían la comida sin «jugos», evitarían la carne, rechazarían frutas especialmente «suculentas», y también se abstendrían de comer o beber con sabor a vino. Además, los críticos presentaban como parte del mismo rigor la abstención del baño, en coherencia con el tipo de dieta seca.2

A partir de esta misma línea, Tertuliano contrapone la discusión práctica con el marco de autoridad y discernimiento: el conflicto no se resolvía solo en términos de «si existe profecía», sino en cómo se interpreta la profecía en relación con la vida moral y con el gobierno de la comunidad cristiana.2

Autoridad y discernimiento: herejía y profecía

En su argumentación, Tertuliano enlaza el juicio sobre herejía y falsa profecía con la cuestión de qué espíritu guía a cada enseñanza. Plantea el debate desde el contraste entre los espíritus y la forma de evaluar la autenticidad de lo profético, y defiende que las obligaciones morales que él rechaza no rompen con el marco del Dios creador y de Cristo, sino que se orientan por la confirmación de ese mismo fundamento.3

En ese horizonte, Tertuliano acusa a los opositores de fijar «fronteras» a Dios también en materia de gracia, disciplina y celebraciones, como si el Espíritu dejara de imponer deberes en determinados tiempos, lo cual, según él, conduce a negar la continuidad de la acción divina en los mandatos y en los profetas.3

Recepción e impacto

El montinianismo marcó profundamente la sensibilidad del cristianismo antiguo ante la tensión entre carisma profético y discernimiento eclesial: el movimiento ofreció una forma intensa de hablar «por el Paráclito», mientras sus críticos lo consideraron incompatible con el modo de reconocer la autoridad espiritual dentro de la Iglesia y lo juzgaron como causa de división.1,3

En consecuencia, la polémica montanista continuó como un referente histórico para pensar el problema del criterio: qué señales auténticas acompañan a la profecía y cómo la Iglesia regula su recepción cuando el fervor carismático propone cambios en la disciplina y en la práctica cristiana.2,3

Citas y referencias

  1. Montanistas, . Enciclopedia Católica, Montanistas (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Capítulo I. Conexión de la gula y la lujuria. Fundamentos de objeciones psíquicas contra los montanistas, Quintus Septimius Florens Tertullianus (Tertuliano). Sobre el ayuno, 1. 2 3 4 5 6 7
  3. Capítulo XI. Del respeto debido a la autoridad humana; y de los cargos de herejía y pseudo-profecía, Quintus Septimius Florens Tertullianus (Tertuliano). Sobre el ayuno, 11. 2 3 4
Modificado el 9 de julio de 2026 • FideScore™ 6.53Citar este artículo

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