La expresión «muerte cerebral» pretende expresar una tesis clínica y diagnóstica: ciertas lesiones del encéfalo producen un estado irreversible en el que el organismo humano ya no funciona como un todo vivo. La discusión moral y pastoral surge porque el diagnóstico suele apoyarse en signos del cese de funciones nerviosas mientras el organismo mantiene todavía determinadas funciones con ayuda tecnológica.
En la literatura católica de reflexión pastoral se subraya que la medicina pasó de un criterio basado en el cese cardiorrespiratorio a criterios que incorporan signos cerebrales, con el fin de reconocer con mayor rapidez y seguridad el momento de la muerte real. La misma reflexión distingue cuidadosamente entre coma irreversible y muerte real: el coma irreversible conserva vida en sentido médico, mientras la muerte cerebral busca identificar que el sujeto ya no reúne las condiciones de «todo vivo» animado.1,2
