La Iglesia entiende la novena como una devoción de nueve días, privada o pública, dirigida a obtener gracias especiales. La novena forma parte de las prácticas de piedad aprobadas por la autoridad eclesiástica, aunque no ocupa un lugar propio y plenamente establecido dentro de la liturgia.1
En la historia de la Iglesia, la novena aparece con fuerza como modelo de perseverancia: Cristo exhorta a los apóstoles a prepararse con oración y la comunidad apostólica persevera durante nueve días antes de Pentecostés, cuando desciende el Espíritu Santo.1
La tradición distingue varias clases: novenas de preparación, novenas de oración, novenas de sufrimiento o duelo, y novenas con indulgencias.1
