Discernimiento vocacional y preparación al matrimonio
La tradición católica entiende el noviazgo como un camino que ayuda a las personas jóvenes a conocer-se (en lo humano) y a conocerse en la fe (en lo espiritual) para discernir si Dios les llama a la unión conyugal. Este discernimiento busca pasar de una atracción o de una dinámica emocional a una relación que incorpore decisiones morales estables y una visión compartida de la vida.
La educación en el amor no reduce el noviazgo a una experiencia romántica; lo ordena hacia la verdad del matrimonio, que nace del consentimiento libre entre un hombre y una mujer y que tiene lugar como alianza irrevocable.1
Amor verdadero y unidad interior
La castidad no aparece como negación del amor, sino como su custodia: la Iglesia la vincula con la maduración de la sexualidad en función de la vocación personal. El Consejo Pontificio para la Familia describe la castidad así:
«La castidad no debe entenderse como una actitud represiva. La castidad debe entenderse más bien como la pureza y la administración temporal de un don precioso y rico del amor...».2
Además, la catequesis eclesial enseña que la castidad implica la integración de la sexualidad en la persona, de modo que exista una unidad interior entre lo corporal y lo espiritual.2

