María y la Iglesia como «mujer» del Apocalipsis
La tradición cristiana mantiene una lectura en dos planos que no contradice la intención del texto: el Apocalipsis presenta a la mujer como imagen del pueblo de Dios y, en la lectura mariológica, también como imagen de María, Madre de Cristo. Juan Pablo II explicó que la interpretación mariana no elimina el sentido eclesial: la mujer actúa como «tipo de la Iglesia», y María encarna de manera plena esa figura.,
El Concilio Vaticano II articula este vínculo con una formulación clásica: la Virgen es «tipo de la Iglesia» en el orden de la fe, la caridad y la unión perfecta con Cristo. Esa «tipología» no reduce a María a un símbolo abstracto; revela una relación real entre el misterio de María y el misterio de la Iglesia.
La maternidad divina y la unión con Cristo
La unión íntima entre María y Cristo nace de su maternidad divina. El Concilio enseña que, por el don y el papel de esa maternidad, María queda vinculada de modo singular al plan de salvación y coopera en el misterio de la Iglesia, concebida como realidad «materna» y «virginal» en su relación con Cristo.
En esta perspectiva, la mujer del Apocalipsis describe un drama de salvación: el adversario intenta destruir al Hijo, pero el Hijo pertenece a Dios; la mujer entra en el camino del «refugio» y la historia se orienta hacia la victoria definitiva. Juan Pablo II presentó la imagen de María como icono de la Iglesia peregrina y de la humanidad redimida, a la vez que insistió en la certeza final del Reino de Dios.,,