Apariciones a Santa Catalina Labouré
En 1830, la Virgen María se apareció en tres ocasiones a la novicia de las Hijas de la Caridad, Santa Catarina Labouré, en la madre-casa de París. En la segunda visión, la Madre de Dios se mostró sobre un globo, derramando rayos de luz que simbolizaban las gracias que otorgaría a los devotos. Recibió la instrucción de que se fundiese una medalla con esa imagen, acompañada de la inscripción «O María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que a Ti recurrimos»2.
Difusión de la devoción
Tras la autorización del arzobispo de París, la primera serie de medallas se acuñó el 30 de junio de 1832, y su devoción se propagó rápidamente por Europa y América. La Directory on Popular Piety and the Liturgy (2001) destaca que la Medalla Milagrosa es «un microcosmo mariano» que recuerda el misterio de la Redención y la mediación de la Madre de Dios, y que la Iglesia la bendice como signo de confianza en su protección maternal1. La versión revisada de 2002 reitera que la promesa de «grandes gracias» exige una vida cristiana coherente y una oración perseverante3.


