«Remedios» y confianza en el auxilio maternal
El título Nuestra Señora de los Remedios expresa la experiencia cristiana de acudir a María como Madre que acompaña, consuela y orienta hacia Dios. La devoción mariana no sustituye a Cristo: el Catecismo enseña que la acción de María no oscurece ni disminuye la mediación única de Cristo, sino que manifiesta su fecundidad y actualiza en la vida de los fieles la abundancia de los méritos de su Hijo.1
En esta lógica, «remedio» no se reduce a la curación física, aunque pueda incluirla en la piedad popular. La fe cristiana mira sobre todo a la ayuda de Dios para el camino del alma: el perdón, la fortaleza, el consuelo y la esperanza. En el lenguaje de la Iglesia, María figura como Abogada, Auxiliadora, Benefactora y Mediadora en su modo propio de cooperación con Cristo.2

