La devoción a María en el pueblo cristiano expresa una necesidad espiritual sencilla y profunda: confiar en su compañía maternal y pedir su intercesión. La Iglesia, al valorar estas expresiones, invita a que la piedad popular dialoge con la liturgia en vez de competir con ella. La armonización de la piedad popular con la liturgia se entiende como una relación fecunda entre la vida sacramental y las formas concretas de fe que nacen en la cultura local.2
Por este motivo, la disciplina eclesial recomienda ligar los títulos tradicionales de devoción a celebraciones que ya figuran en el calendario general. En particular, la normativa sugiere fijar la devoción a la Madre con referencia a fiestas ya recibidas por la Iglesia, y advierte contra la creación de celebraciones o títulos nuevos que no estén suficientemente examinados.3
En ese marco, la advocación Nuestra Señora de Trapani funciona como un título de devoción que se integra en la vida eclesial de la región y se concreta en prácticas de oración, peregrinación y participación en los tiempos litúrgicos marianos, especialmente cuando la memoria de María encuentra eco en el corazón del pueblo.3



