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Nuestra Señora del Puy

Nuestra Señora del Puy-también conocida como Nuestra Señora de Le Puy- es una devoción mariana nacida en la tradición cristiana occidental y vinculada al santuario de la ciudad de Le Puy-en-Velay (Alta Loira), donde la Virgen recibe un culto especialmente filial y ha congregado a peregrinos durante siglos.1

Nuestra Señora del Puy
Ver información de la imagenBasílica de Nuestra Señora del Puy (Estella). Original, Zarateman, CC0
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNuestra Señora del Puy
CategoríaTérmino
Nombre CompletoNuestra Señora de Le Puy
DescripciónDevoción mariana vinculada al santuario de la catedral de Le Puy-en-Velay, histórico centro de peregrinación
Año50
Fecha1407 (primer jubileo)
Fecha de Destrucción1793
LugarLe Puy-en-Velay
PaísFrancia
Personas RelacionadasAdhemar de Monteil; Luis IX; Carlomagno; Papa Urbano II; Papa Pío XII
TipoAdvocación mariana, devoción mariana, Alta Loira

Tabla de contenido

Origen de la devoción y tradición mariana

La historia religiosa de Le Puy arranca en relatos tradicionales que sitúan un primer encuentro con la Virgen alrededor del año 50. En esa narración, la Madre de Dios consuela a una viuda enferma, y el hecho inaugura una corriente de veneración local que, con el paso del tiempo, se abre a toda la cristiandad.2

Los relatos de peregrinación destacan el papel de Adhemar de Monteil, obispo de Le Puy, como figura decisiva en la proyección de esta devoción. Cuando se inicia la empresa de las Cruzadas, Adhemar toma la cruz y viaja a Tierra Santa como legado de la Santa Sede, convirtiéndose en un puente entre el santuario y el ardor espiritual del Occidente cristiano.2

La memoria eclesial de Le Puy también guarda elementos litúrgicos y espirituales característicos. El culto a la Virgen en el lugar se expresa con intensidad, hasta el punto de que una fuente eclesiástica formula la idea de que en Le Puy la Virgen recibe un homenaje «más especial» y «más filial».1

La catedral y la imagen venerada

El santuario mariano se articula en torno a la catedral dedicada a la Bienaventurada Virgen, a la que la tradición asocia incluso un gesto de consagración celestial: una visión atribuye a los ángeles el haber dedicado el edificio a la Virgen, de donde procede el epíteto de «angélica» aplicado a la catedral de Le Puy.1

La devoción se concreta además en la imagen de la Virgen y en su veneración viva a lo largo del tiempo. La tradición recoge, por ejemplo, que Luis IX ofreció al santuario un exvoto: una espina de la Corona de Espinas, como gesto de gratitud y piedad.2

La historia del lugar conserva igualmente memoria de regalos posteriores a la catedral. Se atribuye a Luis IX, al pasar por Le Puy en 1254 tras su retorno de Tierra Santa, el haber donado una imagen de la Virgen de ébano revestida con brocado dorado, reforzando así el carácter señero del santuario para la devoción mariana.1

Durante la época revolucionaria, el culto experimentó una ruptura violenta: en 1793, la imagen fue arrancada de su santuario y quemada en la plaza pública.1

Peregrinación, jubileo y vida eclesial

Le Puy se convirtió en uno de los grandes destinos de peregrinación mariana del Occidente. Tras el comienzo de las Cruzadas, Puy-Notre-Dame adquirió fama como santuario de la Virgen para toda la cristiandad.2

El lugar vinculó su peregrinación a prácticas penitenciales y eclesiales de gran relieve. La memoria histórica indica que existió un jubileo concedido a la Virgen de Le Puy cuando el Viernes Santo coincidía con el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación.1

En el mismo contexto se conservan datos sobre la progresiva institucionalización de estas celebraciones. Se menciona, por ejemplo, el primer jubileo históricamente conocido en 1407, y la existencia de un bula que prolongó su duración en 1418. También aparecen jubileos del siglo XIX en 1842, 1853 y 1864, con la continuidad de la celebración anunciada para 1910.1

La peregrinación no se redujo a un viaje devocional. El Direcitorio para la piedad popular y la liturgia presenta, como rasgo propio de la Edad Media, que los centros de peregrinación tuvieron una dimensión a la vez religiosa, social y caritativa, favoreciendo el intercambio entre pueblos y la consolidación de la vida cristiana en el ámbito occidental.3

El papel litúrgico de «Salve Regina» en Le Puy

En la tradición de Le Puy aparece un vínculo particularmente significativo entre la devoción mariana y la oración litúrgica. Se recoge que la «Salve Regina» se atribuyó a Adhemar de Monteil y que, en el ámbito popular, llegó a ser conocida como el «himno de Le Puy».2

Esta asociación muestra cómo el santuario no solo congregó peregrinos, sino que también alimentó la oración eclesial del Occidente cristiano. La devoción a la Virgen y el canto mariano se integraron como expresión de esperanza y de confianza espiritual para quienes acudían a Le Puy.2

Peregrinos ilustres y reconocimiento eclesial

A través de los siglos, el santuario de Le Puy atrajo a figuras de primer nivel: reyes, nobles y numerosos santos. La memoria histórica del lugar cita visitas y peregrinaciones de Carlomagno (con referencias a los años 772 y 800), además de Luis IX, Felipe Augusto, Felipe el Hermoso, Carlos VI, Carlos VII, y también a la madre de santa Juana de Arco, entre otros.1

La tradición y la historia eclesiástica conectan también Le Puy con momentos de gran alcance para la Iglesia. El lugar aparece como referencia para actos papales vinculados a la convocatoria e impulso del acontecimiento cruzado: se indica que Urban II fechó desde Le Puy las Cartas Apostólicas que convocaban el Concilio de Clermont en 1095.1

El santuario se benefició, además, de favores espirituales y temporales en favor de su vida institucional, de modo que su prestigio actuó como un verdadero foco de unidad devocional. En el marco de la historia de Francia, Pío XII emplea una formulación de alcance universal: «Todo país cristiano es un país mariano», y la historia religiosa del país muestra esa realidad con particular relieve.4

Significado actual de la devoción

La devoción a la Virgen en Le Puy representa una forma característica de piedad mariana que busca elevar la mirada hacia Cristo a través de María, sostener la esperanza del pueblo cristiano y convertir el viaje del peregrino en una experiencia interior de conversión y caridad. El carácter histórico de las peregrinaciones -religioso, social y caritativo- encaja con esta finalidad: el santuario no solo ofrece un lugar para rezar, sino también un marco para la vida cristiana compartida.3

Además, los elementos litúrgicos asociados a Le Puy, como la veneración del canto mariano vinculado a la «Salve Regina», expresan una continuidad de la fe que atraviesa generaciones: la oración sostiene el caminar del peregrino y el peregrino devuelve a la oración su fuerza concreta.2

Conclusión

Nuestra Señora del Puy muestra cómo una devoción mariana local puede adquirir alcance eclesial: la tradición de sus orígenes, el dinamismo histórico de la peregrinación, los jubileos ligados a la Anunciación y el canto mariano asociado al santuario forman un conjunto coherente de fe vivida. En Le Puy, la Virgen recibe un culto especialmente filial, y los peregrinos encuentran allí una escuela de oración, penitencia y esperanza cristiana.1,2

Citas y referencias

  1. Le Puy. Enciclopedia Católica, Le Puy (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. Peregrinaciones. Enciclopedia Católica, Peregrinaciones (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Parte dos: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo ocho: Santuarios y peregrinaciones - Peregrinación cristiana, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 284 (2002). 2
  4. Papa Pío XII. El Peregrinaje de Lourdes, 5 (1957).
Modificado el 9 de julio de 2026 • FideScore™ 6.83Citar este artículo

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