La tradición camaldolense surgió en los albores del siglo XI. Hacia el año 1012, san Romualdo llegó a la diócesis de Arezzo buscando un lugar para un nuevo eremitorio. La tradición relata su encuentro con Maldolo, cuya visión -monjes con hábitos blancos ascendiendo hacia el cielo- movió su ofrecimiento del terreno. San Romualdo aceptó y edificó el eremitorio de Camaldoli, conocido como Campus Maldoli; cerca fundó también Fonte Buono, destinada a servir de enfermería, casa de huéspedes y lugar de provisiones para que los eremitas no se distrajeran con asuntos mundanos.2
El monacato camaldolense no nació como un «orden» en sentido moderno, sino como una reforma y una forma de vida que integró de modo singular el ideal eremítico con la vida común monástica. El estilo camaldulense incorporó rasgos que, con el paso del tiempo, terminaron por consolidar una familia espiritual propia, caracterizada por la convivencia orgánica entre soledad y comunidad.2
Fundación de la rama femenina
La primera casa de monjas camaldolesas se atribuye a Rodolfo el beato (Blessed Rudolph), quien fundó San Pietro di Luco, en el Mugello, cerca de Florencia, en 1086. San Romualdo había fundado casas para mujeres en fechas anteriores (1006 y 1023), pero la tradición camaldolense afirma que las mujeres entonces no siguieron la regla camaldolesa; por ello sitúa el nacimiento formal de las Camaldolesas en la fundación de 1086.2
En la práctica, las comunidades femeninas recibieron la vida camaldolense como parte de la familia monástica benedictina camaldulense, manteniendo el estilo de vida austero y la espiritualidad propia del carisma.2
Congregaciones y reorganizaciones
Con el tiempo, la tradición camaldolense se organizó en congregaciones autónomas. La historia muestra una expansión gradual durante siglos, seguida por divisiones internas; el orden llegó a considerar cinco congregaciones principales.2
Además, la historia eclesial vivió reformas y reajustes. Un episodio relevante afectó a Fonte-Avellana: en 1569, el papa Pío V, mediante la bula «Quantum animus noster», suprimió la orden de Fonte-Avellana, trasladando a sus miembros a Camaldoli u otras casas y unificando sus bienes bajo la jurisdicción del conjunto camaldolense. Este tipo de reorganización buscó restablecer la observancia monástica y la identidad eremítica.3
