Preparación de catecúmenos y fidelidad renovadora de los bautizados
La Cuaresma no se reduce a un tiempo de prácticas externas. La carta enseña que la estación cuaresmal tiene un doble carácter: prepara tanto a los catecúmenos (mediante el rito de la elección y los escrutinios, y mediante la catequesis) como a los fieles bautizados, que se ejercitan con mayor atención en la Palabra de Dios y en la oración, y se preparan mediante la penitencia para renovar las promesas bautismales.
El documento subraya además que la iniciación cristiana posee un carácter marcadamente pascual, porque en ella se participa por primera vez en la muerte y resurrección de Cristo. Por ello, la carta recomienda considerar la Vigilia Pascual como el momento propio para celebrar los sacramentos de la iniciación.
Penitencia, conversión y ministerio de la reconciliación
Paschale Solemnitatis anima a los fieles a participar con mayor intensidad y fruto en la liturgia cuaresmal y en celebraciones penitenciales. La Congregación recuerda el deber de acercarse al sacramento de la Penitencia durante este tiempo, de modo que el corazón purificado permita vivir con fe el misterio pascual. Asimismo, recomienda emplear el rito de la reconciliación de varios penitentes con confesión y absolución individuales.,
El texto pide a los pastores dedicar tiempo y recursos al ministerio de la reconciliación, para que los fieles dispongan de ocasión real de recibir el sacramento.,
Preferencia de los domingos de Cuaresma
En el calendario litúrgico, los domingos de Cuaresma ocupan la primera prioridad: desplazan a fiestas y solemnidades. Si una solemnidad coincide con estos domingos, se observa el sábado anterior. También rige una prioridad de los días de Cuaresma frente a las memorias obligatorias.
Concreciones celebrativas: ceniza, música y signos
La carta concreta el carácter penitencial cuaresmal. El miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma, los fieles reciben las cenizas como entrada en el tiempo de purificación; el gesto exterior expresa la disposición interior y abre el camino que culmina en la práctica sacramental de la Penitencia en los días previos a la Pascua.
La Congregación manda observar el miércoles de ceniza como día de penitencia para toda la Iglesia, mediante ayuno y abstinencia.
En cuanto al ambiente litúrgico, la carta recomienda conservar el tono penitencial: desde el inicio de Cuaresma hasta la Vigilia Pascual, omite el canto del «Aleluya» en todas las celebraciones; además, limita la decoración y el uso de instrumentos musicales. En particular, la carta pide que los instrumentos solo acompañen el canto cuando resulte necesario, y evita adornos florales en el altar durante este tiempo.
En el domingo Laetare (cuarto domingo de Cuaresma) se permite cierta distensión litúrgica: la carta menciona el uso de instrumentos musicales y la decoración floral del altar, así como el color propio de la estación.
Finalmente, la carta describe el sentido de la disciplina sobre cruces e imágenes: se cubren hasta el final de la celebración de la Pasión del Señor el Viernes Santo, y las imágenes permanecen cubiertas hasta el comienzo de la Vigilia Pascual.