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Pelagianismo

El pelagianismo fue una herejía cristiana de finales del siglo IV y del siglo V que combatió la Iglesia porque negaba el pecado original y defendía una visión excesivamente confiada en la capacidad humana para obrar el bien y alcanzar la salvación sin la necesidad indispensable de la gracia de Dios.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePelagianismo
CategoríaTérmino
DescripciónHerejía cristiana de los siglos IV-V que sostiene que el ser humano puede alcanzar la salvación por su propia voluntad. Doctrina que niega el pecado original y la necesidad indispensable de la gracia divina para la salvación, confiando excesivamente en la capacidad humana
Contexto HistóricoSurge en el Imperio Romano de Occidente tras la salida de Pelagio de Roma (411) y se intensifica con controversias en los sínodos de Mileve (416) y Cartago (418), y la condena papal de Zósimo (418).
Doctrinas RelacionadasPecado original; Gracia divina; Voluntad humana
Eventos RelacionadosSínodo de Mileve (416); Sínodo de Cartago (418); Epístola tractoria de Zósimo (418); Concilio de Éfeso (431)
ImportanciaInfluyó en la formulación católica sobre la necesidad de la gracia y la insuficiencia del esfuerzo humano para la salvación.
Personas RelacionadasPelagio; Celestio; Juliano de Eclano; San Agustín; Papa Zósimo; Honorio
TipoHerejía, IV-V

Tabla de contenido

Definición y rasgos doctrinales

El pelagianismo recibe su nombre de Pelagio y designa una herejía de la época patrística que niega el pecado original y también la gracia cristiana en el sentido pleno que enseña la fe católica.1

Capacidad humana y salvación «sin gracia imprescindible»

La teología católica describe el pelagianismo como una doctrina que exagera la capacidad de la naturaleza humana hasta el punto de dejar «casi sin espacio» para la gracia cristiana. Con esta postura, la voluntad humana acabaría logrando por sí misma, en el plano de la salvación sobrenatural, el paso desde la justificación hasta la vida eterna.2

Además, el pelagianismo llega a sostener que la voluntad soberana puede elevarse a la santidad plena e incluso a una cierta impecabilidad mediante la observancia perseverante de los mandamientos y el triunfo infalible sobre las tentaciones.2

Naturalismo moral y lógica interna del error

La crítica católica ve en el pelagianismo un naturalismo moral: cuando el hombre se presenta como suficiente para alcanzar el bien sobrenatural por sus propias fuerzas, el sistema conduce «como consecuencia lógica» a suprimir el pecado original y a negar la gracia.2

Pelagio y el desarrollo histórico de la controversia

Quién fue Pelagio

La Iglesia antigua conoció a Pelagio y a su entorno por medio de la controversia. La biografía de Pelagio resulta difícil: las noticias se vuelven más abundantes tras su salida de Roma en el año 411, y a partir de 418 la historia guarda de nuevo silencio sobre su persona.1

Celestio y Juliano de Eclano

La controversia se amplió con Celestio y con Juliano de Eclano, que asumió un papel teológico destacado en el debate contra san Agustín.2,1

Condenas e intervenciones de la Iglesia y del poder civil

La controversia vivió un proceso de condenas e impugnaciones eclesiales. La Iglesia afirma que el desenlace no dependió solo de disputas teológicas, sino también de medidas disciplinarias y jurídicas: el papa Zósimo remitió una «Epistola tractoria» en 418, ordenando la condena del pelagianismo como herejía.1

En paralelo, el poder civil participó: el emperador Honorio desterró a los pelagianos de las ciudades de Italia mediante un decreto de 30 de abril de 418.1

Mileve, Cartago y la consolidación doctrinal

La recepción católica identifica un momento decisivo en los sínodos en torno a 416 (Mileve) y en la posterior repetición de decisiones en Cartago en el 418, después de la intervención papal.2,1

Efectos en Oriente y Occidente

Cuando el Concilio de Éfeso (431) repitió la condena pronunciada en Occidente, la controversia «se apagó» en Oriente y dejó de perturbar de forma relevante la vida eclesial allí.1,2

En Occidente, el pelagianismo persistió durante más tiempo, con focos en regiones como Galia y Britania, hasta que el debate fue desapareciendo lentamente.1

La respuesta católica: gracia, voluntad humana y pecado original

La necesidad absoluta de la gracia

La doctrina católica rechaza el pelagianismo afirmando la necesidad de la gracia para los actos que conducen a la salvación. La teología tradicional describe esta necesidad como algo radical: la gracia no actúa solo como un refuerzo externo, sino como condición indispensable para realizar el bien sobrenatural.2

En ese marco, la Iglesia vincula la fe con la oración: la práctica orante antigua expresa la convicción de que gracia y oración se corresponden, porque sin gracia el hombre no puede llegar al fruto sobrenatural.2

La corrección agustiniana: voluntad y gracia sin confusión

San Agustín rechazó dos desviaciones:

  • atribuir al hombre una suficiencia tal que la gracia no sea necesaria;
  • convertir la predicación de la gracia en excusa para la vida en el pecado.

En su carta a Valerio, Agustín advierte que quien afirma: «mi voluntad me basta para realizar buenas obras» «desciende» del camino recto.3

Agustín también muestra el equilibrio: la gracia no solo facilita, sino que de verdad transforma el interior. Afirma que la gracia, predicada correctamente, no conduce a pensar que la voluntad ya no necesita corrección moral, sino que conduce a vivir de modo coherente con la muerte al pecado y la vida nueva.3

Juicio según obras y reconocimiento del origen de la gracia

Agustín distingue con cuidado el modo de entender el juicio: los niños que no han hecho obras propias reciben condena por el pecado original si no reciben la gracia del Salvador en el baño de la regeneración.4

Para quienes ya han actuado con libre elección, el juicio contempla los actos añadidos, pero Agustín insiste en que el bien que existe en la buena voluntad llega por gracia.4

Enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica

El Catecismo de la Iglesia Católica presenta la doctrina sobre el pecado original y su remedio sacramental en continuidad con la respuesta a las herejías sobre la gracia.

Qué es el pecado original

El Catecismo enseña que el pecado original no constituye una falta personal en los descendientes de Adán, sino una privación: el hombre conserva la naturaleza humana, pero queda herido en sus facultades; sufre ignorancia, padecimiento y la dominación de la muerte, y se inclina al mal.5

El papel del bautismo

El Catecismo afirma que el bautismo, al comunicar la vida de Cristo en la gracia, borra el pecado original y devuelve al hombre hacia Dios; aun así, persisten en la naturaleza sus consecuencias (debilidad e inclinación al mal), que llaman a una lucha espiritual.5

Pelagianismo y semipelagianismo: diferencias

La tradición distingue el pelagianismo del semipelagianismo, que intentó un «compromiso» entre posiciones anteriores. El semipelagianismo atribuye una importancia mayor de la que san Agustín consideraba aceptable a la capacidad de la naturaleza en lo referente a la salvación.2

En esa lógica, algunos proponen distinguir entre el inicio de la fe y el crecimiento: el inicio se relaciona con el poder natural de la libertad humana, mientras que el crecimiento y la fe misma dependen de la gracia cristiana.2

Importancia doctrinal para la vida cristiana

La controversia pelagiana no se reduce a un debate abstracto: afecta a la vida de la oración, a la conciencia del pecado y al modo de comprender la regeneración bautismal.

La respuesta católica insiste en una convicción central: la gracia de Dios no se limita a una ayuda accidental, sino que sostiene realmente el camino cristiano hacia el bien sobrenatural, mientras la voluntad humana coopera sin convertirse en fuente autosuficiente de salvación.2,3

La Iglesia enseña, además, que el ser humano nacido con el pecado original necesita la restauración divina: el bautismo borra el pecado original y abre la vida nueva, aunque permanece en el hombre la lucha contra la inclinación al mal.5

Citas y referencias

  1. Pelagio y pelagianismo. Enciclopedia Católica, Pelagio y pelagianismo (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Gracia actual. Enciclopedia Católica, Gracia actual (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  3. Agustín de Hipona. Carta 215 De Agustín a Valentín, 8 (426). 2 3
  4. Agustín de Hipona. Carta 215 De Agustín a Valentín, 1 (426). 2
  5. Capítulo I Yo creo en Dios el Padre. Catecismo de la Iglesia Católica, 405 (1992). 2 3
Modificado el 10 de julio de 2026 • FideScore™ 7.43Citar este artículo

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