La respuesta de la Iglesia ante objeciones
La Iglesia rechazó la idea de que los libros del Pentateuco no procedieran de Moisés. La respuesta de 1906, publicada en el Enchiridion Symbolorum, afirma que los argumentos acumulados por los críticos no alcanzan la fuerza necesaria para invertir la convicción constante de Israel y la tradición ininterrumpida de la Iglesia, apoyada además en las evidencias internas del texto.
Moisés y el uso de fuentes
La misma respuesta enseña que puede admitirse, sin dañar la autenticidad mosaica, que Moisés utilizó documentos escritos u tradición oral y los incorporó al texto, actuando bajo la inspiración divina y según el objetivo que Dios le confiaba.
Colaboradores y fidelidad a la intención de Moisés
La Iglesia también permite explicar la composición sin exigir que Moisés escribiera literalmente «con su mano» cada libro. La respuesta de 1906 admite la hipótesis de que Moisés concibió el trabajo bajo inspiración y lo confió a otros para la escritura, con el encargo de que plasmaran su pensamiento sin traicionar su voluntad, dejando a Moisés como autor principal e inspirado.
Cambios textuales e integridad del conjunto
Aun manteniendo la autenticidad mosaica y la integridad del Pentateuco, la Iglesia reconoce que, a lo largo del tiempo, pudieron existir modificaciones: adiciones después de la muerte de Moisés hechas por un autor inspirado, glosas y explicaciones insertas en el texto, o sustituciones de formas lingüísticas antiguas por expresiones más modernas; también pueden existir lecturas falsas por errores de copistas, que deben evaluarse con criterios propios de la crítica textual.