Fundación de la ciudad
La ciudad de Samaria fue fundada en el siglo IX a. C. por Omri, rey de Israel, quien la compró por dos talentos de plata a Semer y la fortificó como nueva capital, abandonando Tirsá. Este acto marcó un intento de consolidar su dinastía tras un período de inestabilidad política, con reyes efímeros como Salum y Zimerí., Omri reinó doce años, seis de ellos en Samaria, pero su gobierno se caracterizó por agraviar aún más al Señor con idolatría, siguiendo las sendas de Jeroboam.
Capital del Reino del Norte
Samaria se convirtió en el centro político, económico y religioso del Reino de Israel (o Reino del Norte), tras la escisión del reino unificado bajo Roboam. Reyes como Acab, hijo de Omri, erigieron allí templos paganos, como el de Baal introducido por Jezabel, exacerbando la apostasía. La ciudad albergó una corte opulenta, pero también profetas como Elías y Eliseo denunciaron su corrupción moral y religiosa.
Conquista asiria y repoblación
En el 722 a. C., tras un asedio de tres años, el rey Salmanasar V de Asiria capturó Samaria durante el reinado de Oseas, último monarca israelita. La población fue deportada a Asiria (Halah, Jabór, Gozán y ciudades medas), castigo por sus pecados: idolatría, altares en colinas y postes sagrados. El rey asirio repobló la región con gentes de Babilonia, Cutá, Avá, Jamat y Sefarvaim, quienes ignoraban la ley del Dios de la tierra, provocando plagas divinas como leones.
Un sacerdote israelita exiliado fue enviado a Betel para enseñarles, pero persistieron en el sincretismo: adoraban al Señor junto a ídolos nacionales en santuarios locales. Este episodio explica el origen de los samaritanos, mezcla étnica y religiosa rechazada por los judíos retornados del exilio babilónico.