El libro de Samuel presenta el nacimiento de Samuel como respuesta a la oración de Ana. Ana, estéril y profundamente afligida, suplica a Dios y hace un voto: si Dios le concede un hijo varón, ella lo ofrecerá al Señor y su hijo vivirá como nazireo, con exigencias concretas como evitar vino o bebida embriagante y no pasar rasurador por la cabeza.3
Ana cumple su promesa llevando al niño a Silo y dejándolo al servicio del Señor. El texto resalta el gesto de «dar» a Samuel a Dios: Ana lo entrega para que permanezca ante el Señor mientras viva.3
Esta consagración sitúa a Samuel desde el inicio en el ámbito del culto y la escucha: la vida de Samuel se forma en el entorno del templo, donde se aprende a «estar delante del Señor».2



