La Iglesia describe el conjunto de su trayectoria como una vida de humildad, bondad, caridad y «nascimiento» en lo escondido (vida interior recogida).
La paciencia en las pruebas
El Papa Francisco, en la carta apostólica leída durante el rito de beatificación, resume el núcleo de su testimonio: en las dificultades y en las pruebas, Arsenio «siguió a Cristo pobre, humilde, con total abandono» y con un «corazón puro y manso».
Esa misma carta convierte su paciencia en enseñanza concreta: Arsenio tuvo paciencia, no se agitó, no presentó denuncias ni reclamaciones de compensación, y confió en que el Señor edificaba la virtud verdadera.
La fuerza de la oración y la Eucaristía
El mismo texto pontificio sitúa el origen espiritual de su firmeza: la oración y la celebración eucarística fueron su fuerza para vivir los momentos más difíciles, «envolviendo en el silencio y en el perdón» tanto el mal recibido como el bien realizado.
«La virtud del silencio»
Durante la homilía de beatificación, el cardenal Angelo Amato retomó como rasgo característico la «virtud del silencio»: el silencio aparece como forma de la humildad y de la caridad en Arsenio, el «frate degli ultimi», el fraile de los últimos.
La homilía también subraya la síntesis de su personalidad espiritual: Arsenio fue «ignaciano y franciscano», y mantuvo viva la tensión hacia la santificación propia y ajena a través de sus estados de vida: sacerdote diocesano, jesuita y capuchino.