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San Atanasio

San Atanasio de Alejandría ( 2 de mayo de 373) fue obispo, confesor y Doctor de la Iglesia, célebre por su defensa tenaz de la fe nicena frente al arrianismo, hasta el punto de soportar múltiples destierros y conflictos eclesiales. Su palabra y sus escritos sostuvieron la confesión de la verdadera divinidad del Hijo y ayudaron a que el Credo niceno permaneciera en la vida litúrgica de la Iglesia.1,2

San Atanasio
Ver información de la imagenDominio Público.
Infografía de San Atanasio
Ver información de la imagenInfografía de San Atanasio. Licencia CC BY-SA 4.0
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Atanasio
CategoríaPersona
Nombre CompletoAtanasio de Alejandría
Descripciónc. 295
TítuloObispo, Confesor, Doctor de la Iglesia
Cargo EclesiásticoObispo de Alejandría
Lugar de NacimientoAlejandría
Fecha de Muerte373-05-02
Lugar de MuerteAlejandría
SexoMasculino
Estado de VidaClero
Festividad2 de mayo
Fin del Pontificado373
Inicio del Pontificado328
Miembro deAlejandría
TipoSanto

Tabla de contenido

Vida y ministerio episcopal

Alejandría, Nicea y el episcopado

Atanasio nació en Alejandría hacia el año 295. Acompañó a su obispo como diácono y secretario al Concilio de Nicea en el año 325, y después recibió el episcopado de Alejandría en 328, cuando todavía era joven.2

La liturgia de la Iglesia resume su vida como un camino marcado por la lucha por la fe nicena y por el sufrimiento soportado por la fidelidad al misterio de Cristo confesado en Nicea.2,1

Un obispo forjado en el conflicto

Las controversias del siglo IV no fueron discusiones teóricas ajenas a la vida eclesial: afectaron la comunión entre obispos, la enseñanza transmitida a los fieles y la estabilidad de la Iglesia en el imperio. Atanasio pagó el precio con destierros y persecuciones.1,3

La historia eclesiástica antigua presenta también un rasgo providencial: la presencia de Atanasio refrenó a los poderes civiles de agitar el ambiente en Alejandría, mientras él vivió; tras tantos combates por la Iglesia, Atanasio murió en el reinado de Valente, habiendo gobernado la sede de Alejandría durante cuarenta y seis años.3

Arrianismo y destierros

Acusaciones y destierro a la Galia

Los adversarios de Atanasio recurrieron a acusaciones para forzar su apartamiento. Una tradición histórica relata que, cuando un sínodo no llegó a la corte imperial, los partidarios de Eusebio acusaron a Atanasio de amenazar con impedir el envío del grano desde Alejandría a Constantinopla; el emperador, irritado, ordenó el destierro y le mandó residir en la Galia, concretamente en Tréveris.4

Esta forma de persecución política se entrelazó con el conflicto doctrinal: la resistencia de Atanasio a la comunión con quienes negaban la fe nicena provocó choques repetidos con los poderes del momento.4,1

Refugios y restauraciones

Otro testimonio antiguo describe el itinerario de su vida como una sucesión de huidas, cartas y retornos: Atanasio, presionado por las maniobras de los arrianos, huyó hacia el emperador Constancio de la Galia; después volvió con cartas y, tras la muerte del emperador, buscó de nuevo refugio hasta el acceso de Joviano, momento en el que regresó a la Iglesia y murió en tiempos de Valente.5

En esa misma dinámica de restauración y confrontación, la tradición histórica recoge un episodio en Palestina: Atanasio llegó a Jerusalén y entró de nuevo en comunión con el obispo Máximo. Un sínodo reunido en la ciudad devolvió a Atanasio la comunión y su dignidad, y comunicó por carta a los alejandrinos y a los obispos de Egipto y Libia las decisiones tomadas; además, el sínodo confirmó el Credo niceno.6

La resistencia hasta el final

La Roma Martyrológio presenta el sentido último de su sufrimiento: Atanasio defendió la fe católica contra los emperadores, gobernadores y un gran número de obispos arrianos, durante el tiempo que va desde Constantino hasta Valente, hasta quedar obligado a vagar como desterrado sin encontrar lugar seguro; finalmente, la Iglesia lo restauró a su sede, y él murió tras ganar muchas «coronas» por la paciencia.1

Enseñanza teológica y obras

Defensa de la divinidad del Hijo y del Credo niceno

La Iglesia atribuye a Atanasio una tarea decisiva: custodiar la confesión de la verdadera divinidad del Hijo. En las oraciones litúrgicas se pide a Dios que los fieles, por su intercesión, permanezcan en el mensaje que él predicó: «concediste al santo obispo Atanasio el espíritu de fuerza y fortaleza para defender sin miedo la doctrina de la verdadera divinidad de tu Hijo».7

Además, el magisterio pontificio ha vinculado explícitamente su papel con la fe confesada por la Iglesia en la liturgia: Juan Pablo II afirmó que, cuando los fieles rezan en la Eucaristía el Credo niceno, ese Credo «lo deben a él», a su fe valiente que garantizó un Credo tan permanente para la Iglesia.8

Producción literaria al servicio de la Iglesia

La memoria antigua de la Iglesia destaca también la amplitud de su actividad escrita. Una obra atribuida a san Jerónimo presenta que circularon muchos escritos de Atanasio, entre ellos: dos libros Contra las naciones y Contra Valente y Ursacio; un escrito Sobre la virginidad; muchos escritos Sobre las persecuciones de los arrianos; obras Sobre los títulos de los Salmos; y la Vida de Antonio el monje, además de epístolas festales y otros textos numerosos.5

Legado y veneración

Fiesta y confesión litúrgica

La Iglesia celebra a san Atanasio el 2 de mayo, fecha en la que el Martyrologium Romanum sitúa «el nacimiento» para el cielo del santo obispo y Doctor, celebrado por su santidad y ciencia, por la defensa valerosa de la fe católica y por su paciencia en tantos combates.1

La liturgia lo presenta como modelo de perseverancia doctrinal: en la oración colecta de su conmemoración, la Iglesia pide que los fieles conserven el Credo íntegro y lleguen a la salvación por su testimonio.7

Enseñanza para el cristiano

En una misa en honor del Doctor de la Iglesia, san Pablo VI concentró la enseñanza atanasiana en una síntesis pastoral: el mensaje de Atanasio llama a los cristianos a ser fuertes en la fe y coherentes en la práctica de la vida cristiana, incluso cuando la fidelidad exige sacrificios.9

Pablo VI también indicó el modo cristiano de honrarlo: recordar su vida y profesar su fe, con amor verdadero a Cristo y con caridad activa hacia el prójimo.9

Citas y referencias

  1. B2 de mayo, Papa Benedicto XIV. El Martyrologio Romano, 2 de mayo (1749). 2 3 4 5 6
  2. Prefación de San José, pág. 424, Silla Santa. Libro de Misas Romano, 882 (1975). 2 3
  3. Libro IV - Capítulo 20. Muerte de Atanasio y elevación de Pedro a su sede, Sócrates Escolástico. Historia Eclesiástica - Sócrates Escolástico, Libro IV - Capítulo 20. 2
  4. Libro I - Capítulo 35. El sínodo, al no presentarse ante el emperador, los partidarios de Eusebio acusan a Atanasio de haber amenazado con desviar el grano suministrado a Constantinopla desde Alejandría: El emperador, exasperado por ello, destierra a Atanasio a la Galia, Sócrates Escolástico. Historia Eclesiástica - Sócrates Escolástico, Libro I - Capítulo 35. 2
  5. B87. Atanasio, Eusebio Sofrónio Jerónimo (Jerónimo de Stridon o San Jerónimo). De Viris Illustribus (Sobre Hombres Ilustres), 87. 2
  6. Libro II - Capítulo 24. Atanasio, al pasar por Jerusalén de regreso a Alejandría, es recibido en comunión por Máximo: Y un sínodo de obispos, convocado en esa ciudad, confirma el credo niceno, Sócrates Escolástico. Historia Eclesiástica - Sócrates Escolástico, Libro II - Capítulo 24.
  7. Oración del día, Silla Santa. Libro de Misas Romano, 883 (1975). 2
  8. Papa Juan Pablo II. A los fieles de la Parroquia Romana de San Atanasio (18 de mayo de 1997) - Discurso, 1 (1997).
  9. Misa en honor del doctor de la Iglesia San Atanasio, Papa Pablo VI. Misa en honor del Doctor de la Iglesia San Atanasio (6 de mayo de 1973), 1 (1973). 2
Modificado el 11 de julio de 2026 • FideScore™ 6.70 • 122 visitas • Citar este artículo

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