Nestorio, la controversia y el título de María
La controversia nestoriana surgió cuando Nestorio fue elegido patriarca de Constantinopla. Benedicto XVI sitúa el punto de fricción en el modo en que Nestorio empleó el título para María en la predicación: prefería usar «madre de Cristo» en lugar de «Madre de Dios». Benedicto XVI vincula esta opción con una cristología de tipo antioqueno que, al intentar salvaguardar la humanidad de Cristo, acababa dividiendo en la práctica la divinidad, debilitando la unión real entre Dios y el hombre en una sola persona.
Bajo la perspectiva católica, el debate no giró solo en torno a una palabra. Cirilo consideró que el título «Madre de Dios» mantenía la verdad de fe sobre quién es Jesús: el Hijo eterno hecho carne. En esa defensa entraron también implicaciones para el lenguaje sobre la salvación, la unidad de la persona del Verbo y la manera correcta de confesar a Cristo.
La respuesta de Cirilo: cartas, advertencias y firmeza
Desde 429, Cirilo reaccionó con rapidez. Benedicto XVI afirma que Cirilo «no dejó piedra sin mover» y dirigió cartas incluso al propio Nestorio.
En una de sus cartas, Cirilo formuló un criterio que el papa Benedicto XVI presenta como permanente: el deber de los pastores consiste en preservar la fe del pueblo de Dios, y la fe del pueblo expresa la tradición como garantía de doctrina sana.
En la fase anterior al gran Concilio, Cirilo impulsó medidas disciplinarias y teológicas. Un diccionario enciclopédico del Oriente cristiano explica que, en el contexto previo a Éfeso, Cirilo convocó un sínodo y envió a Nestorio una advertencia sobre la exclusión del sacerdocio en caso de no retractarse. La formulación doctrinal se apoyó en la confesión de la unión hipostática: la unión real entre el Verbo (Logos) y su carne.
La «unión hipostática» y la unidad de la persona de Cristo
Cirilo defendió una idea central: Cristo no funciona como un «dos sujetos» con conexiones accidentales, sino como el único sujeto personal del Verbo hecho carne. Por eso, el magisterio ciriliano rechaza el modo de explicar la Encarnación que acaba reduciendo la unión a mero acuerdo o proximidad.
El mismo diccionario enciclopédico del Oriente cristiano resume la lógica de Cirilo: la confesión de Cirilo afirma la unión real del Logos con su carne, no una simple concordancia, porque esa concordancia deja la unión como algo accidental.
El Concilio de Éfeso (431) y el papel de Cirilo
El Concilio de Éfeso representa el momento culminante de esa controversia en el siglo V. Pío XII describe el comportamiento de Cirilo como modelo de valentía doctrinal: Cirilo detectó el error de Nestorio, escribió obras de refutación, apeló al Romano Pontífice y, actuando en el nombre de la Sede Apostólica, «aplastó y condenó» la herejía creciente con ciencia admirable y fortaleza inquebrantable.
Pío XII también aclara el marco jurídico y eclesial del Concilio: el papa delegó a Cirilo autoridad para ejecutar las decisiones ya emitidas contra Nestorio, y Cirilo presidió Éfeso como representante legal del Romano Pontífice; además, suscribió el acta conciliar como primero. Pío XII vincula el consenso de los Padres con la coincidencia plena entre la fe de Cirilo y la fe del Concilio tras la lectura pública de la carta de Celestino.
En ese mismo clima conciliar, Pío XII recuerda que los Padres exclamaron la concordia: «una Celestino, un Cirilo, una fe del Concilio, una fe del mundo».