La enseñanza sobre el Dios único
En las catequesis, Cirilo construye la fe sobre un fundamento claro: Dios es uno y actúa con perfecta unidad. Presenta al Dios único como increado, sin principio, inmutable y verdadero Creador del alma y del cuerpo. También distingue un criterio práctico para reconocer errores doctrinales: cuando un hereje pretende separar lo que pertenece a la misma verdad de Dios, Cirilo invita a detectar el «veneno» del error.
En esa misma línea, Cirilo rechaza cualquier intento de dividir a Dios en dos principios contradictorios, o de afirmar un creador distinto para el alma y para el cuerpo. La fe cristiana sostiene una única soberanía divina y una única obra creadora.
La Trinidad y la pedagogía de la Iglesia
Cirilo enseña que la acción salvífica de las Personas divinas se comprende desde la fe: el Padre concede la gracia por el Hijo, y el Espíritu Santo realiza la obra en los creyentes. En su catequesis sobre el artículo del Credo acerca del Espíritu Santo declara que el Espíritu predica acerca de Cristo en los profetas, actúa en los apóstoles y, todavía hoy, sella las almas en el bautismo.
A la vez, Cirilo marca un límite sano en el método teológico: no invita a investigar con curiosidad la «naturaleza o sustancia» del Espíritu, sino a reconocer con fidelidad lo que la Escritura entrega para la salvación: «basta saber» que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están presentes en la obra de la gracia.
El misterio del Espíritu Santo en el símbolo de Jerusalén
El llamado «símbolo de Jerusalén» aparece disperso en las catequesis bautismales de Cirilo y conserva formulaciones que explican la fe acerca del Espíritu Santo y su obra. En el ciclo pneumatológico, la fórmula confiesa al Espíritu Santo y lo vincula con su actuación en los profetas. También integra la confesión bautismal y la esperanza cristiana con el compromiso eclesial y escatológico.,