El nombre «Cleofás» funciona como una adaptación al español de formas griegas presentes en los relatos evangélicos. En las ediciones católicas del Evangelio aparecen grafías cercanas como Cleopás y Clopás, que remiten a denominaciones griegas distintas en el texto original: Cleopas y Clopas.1
Dos personas o dos lecturas de un mismo nombre
La cuestión central no reside en la existencia del testimonio neotestamentario, sino en la identidad personal detrás de las grafías. La investigación tradicional distingue, al menos en el plano lingüístico, entre:
- Cleopás, ligado al relato de Emaús (Lucas 24:18).1
- Clopás, ligado al Calvario en Juan 19:25, donde el texto describe a una mujer relacionada con «Clopas».1
La insuficiencia de datos fiables sobre el individuo llamado Cleopás lleva a la prudencia: el martirologio conserva una conmemoración concreta, pero los detalles biográficos quedan muy limitados.1
Posibles relaciones con otros nombres del Nuevo Testamento
Muchos estudiosos relacionan Clopás con una forma semítica vinculada al nombre Alfaeus (en el entorno de otros personajes del Nuevo Testamento). Esta hipótesis intenta explicar por qué el Evangelio atribuye a una figura el nombre «Clopas» en Juan y «Alpheus/Alfaeus» en otros pasajes. El debate aparece en la propia discusión etimológica: el origen exacto de la relación nominal presenta dificultades.1
Pese a esos problemas, la tradición católica reconoce un horizonte razonable: si la identidad entre las formas nominales funciona, la figura de Cleofás puede quedar conectada con la historia de la parentela de Jesús tal como la presentan los Evangelios y las cartas apostólicas.1



