Dámaso fue elegido obispo de Roma en octubre de 366 con amplia mayoría. Sin embargo, un grupo de partidarios de la figura rival Ursino (o Ursicinus) rechazó la elección y promovió su propia instalación mediante procedimientos irregulares. El enfrentamiento degeneró con rapidez en violencia en Roma y derramamiento de sangre.,
Los relatos antiguos conservan los detalles de esa contienda en un texto polémico atribuido a los adversarios de Dámaso, además de referencias históricas externas. En el conflicto, la autoridad imperial terminó favoreciendo a Dámaso: el emperador Valentiniano reconoció su legitimidad y desterró a Ursino en 367, aunque después Ursino obtuvo autorización para regresar a Milán sin poder acudir a Roma.
La oposición no desapareció de inmediato. En años posteriores, los enemigos de Dámaso recurrieron incluso a acusaciones de carácter moral ante el tribunal imperial. El cargo de adulterio (378) acabó en absolución, tanto por el emperador Graciano como por un sínodo romano de cuarenta y cuatro obispos, que además excomulgó a quienes habían presentado las acusaciones.
Esta etapa define el contexto de su pontificado: Dámaso unió la defensa de la fe con la defensa de su propia legitimidad episcopal, en un escenario donde la Iglesia de Roma funcionaba como foco doctrinal y también como campo de batalla por influencias políticas.,