Macario el Joven nació en Alejandría, la bulliciosa metrópoli egipcia, hacia finales del siglo III o principios del IV. Procedía de un entorno urbano y se dedicaba al oficio de confitero, un trabajo que implicaba el manejo de dulces y bienes materiales cotidianos. Esta profesión le permitía una vida cómoda en la ciudad, pero su corazón anhelaba una entrega total a Dios. Alrededor del año 335, en la flor de su edad, sintió el llamado a la vida eremítica y abandonó el mundo para retirarse al desierto de la Tebaida, en el Alto Egipto.1
Influido por los grandes maestros de la santidad de su tiempo, como los anacoretas de la región, Macario adquirió rápidamente proficiency en las virtudes monásticas. Posteriormente, antes del año 373, descendió al Bajo Egipto, estableciéndose en las tres desiertos contiguos: Escete (en la frontera con Libia), las Celdas (por la abundancia de ermitas individuales) y Nitria (hasta la rama occidental del Nilo). Su residencia principal fue en el desierto de las Celdas, donde cada monje disponía de una celda separada, reuniéndose solo los sábados y domingos para la celebración eucarística en una iglesia común.1,3



