Sardis fue la capital del reino de Lidia desde el siglo VII a. C., famosa por su riqueza gracias al rey Croeso, quien acuñó las primeras monedas de oro puro conocidas. Situada en un promontorio rocoso cerca del monte Tmolo, su posición estratégica la convirtió en un centro comercial y militar clave en Asia Menor. Conquistada por los persas en el 546 a. C., pasó luego al dominio de Alejandro Magno, los seléucidas y, finalmente, al Imperio romano en el 133 a. C., integrándose en la provincia de Asia.
En el contexto católico, esta urbe pagana se cristianizó tempranamente, convirtiéndose en sede episcopal durante el siglo II. Su sinagoga judía, una de las más grandes del mundo antiguo, evidencia la presencia de comunidades hebreas que influyeron en la expansión del Evangelio.3 Arqueológicamente, excavaciones han revelado un gran gimnasio, un teatro y restos de una basílica paleocristiana, testimonio de su transición del paganismo al cristianismo.


