El relato del Torre de Babel y la necesidad de la unidad
El primer lectura del Evangelio de San Juan (Jn 20,19-23) se complementa con la lectura del Génesis 11,1-9, que narra la construcción de la Torre de Babel, donde la humanidad, aun hablando una sola lengua, intenta alcanzar el cielo por sus propios medios y es dispersada por Dios2. Este pasaje prefigura la confusión que el Espíritu Santo supera al unir a los creyentes en una sola lengua espiritual (cf. Hechos 2)1.
La promesa del Espíritu en la primera lectura alternativa
En la alternativa de Éxodo 19,3-20b, Dios se revela en el Monte Sinaí con fuego y humo, estableciendo la Alianza del Pacto que, cincuenta días después, se renueva en Pentecostés como el Nuevo Pacto del Espíritu (cf. Benedicto XVI, «Solemnidad de Pentecostés»)3,1.
La visión profética de Joel y la efusión del Espíritu
El texto de Joel 2,28-32 anuncia la derramadura del Espíritu sobre toda la humanidad, anticipando la plenitud del don en Pentecostés y la salvación para todos los que invoquen el nombre del Señor4.
La enseñanza paulina sobre los dones del Espíritu
La segunda lectura (1 Cor 12,3b-7, 12-13) explica la unidad en la diversidad de los dones del Espíritu, resaltando que todos son parte de un mismo cuerpo, la Iglesia, y que el Espíritu es la fuente de esa comunión5,5.
El Evangelio de San Juan y la comisión apostólica
En Juan 20,19-23, Jesús envía a sus discípulos «como el Padre me envió a mí», soplando el Espíritu Santo y otorgándoles la autoridad de perdonar pecados, gesto que inaugura la misión evangelizadora de la Iglesia6.




